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Arquitectura costarricense

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 Nacida de la historia, expuesta al deterioro, a los terremotos naturales y del quehacer humano, la arquitectura costarricense se apoya en dos pilares básicos: uno que tiene que ver con la historia, la costumbre, la tradición y la imitación de los modelos internacionales y otro que lleva implícito el derecho a la diferencia y a la diversidad.

Su desarrollo no ha seguido un enfoque lineal y ortodoxo sino una polifonía de estilos diferentes: por un proceso de hibridación y mestizaje cultural y social se han entremezclado diferentes técnicas, materiales locales e internacionales, modos de vida, formas de entender, hacer y usar la arquitectura que a veces entran en conflicto.

La tradición indígena creó asentamientos como el Monumento Nacional Guayabo con sus montículos, calzadas, plazas y acueducto, vestigios de una civilización que se cree floreció entre los años 800-1400 D.C. El tipo de vivienda que utilizaban era el “rancho” (habitación rectangular o redonda, sin paredes, o con paredes construidas de cañas que dejaban pasar el aire y techo de dos aguas, que no llega al suelo, cubierto con hojas de palmera y culmina en la cúspide con una vasija de barro para evitar goteras) cuyo interior contaba con hamacas para socializar y dormir.

En la época colonial los españoles, además de construir algunas iglesias, otras edificaciones menores y casas con patio central, introdujeron la casa de adobe, o casa construida en tierra comprimida, mezclada con fibras naturales para adquirir mayor resistencia.

En el siglo XIX, la bonanza del café permitió la construcción del Teatro Nacional: joya arquitectónica de estilo renacentista. A finales de siglo XIX se introduce al país el estilo victoriano (característico de la época de la reina Victoria en Inglaterra), para la construcción de viviendas de la burguesía cafetalera y de algunas escuelas y edificios, muy visibles en el Barrio Amón de San José.

La adaptación del estilo caribeño al clima de la costa del Caribe originó el estilo caribeño: viviendas de madera, construidas sobre pilotes; un techo con mucha pendiente y un alero muy pronunciado para facilitar la evacuación de las aguas pluviales. Algunas de estas casas fueron construidas para los obreros por la United Fruit Company y se ubicaron en los bananales. Las “casas bananeras”, tenían cedazo en puertas y ventanas para impedir el ataque de los mosquitos.

A partir de 1920 un grupo de arquitectos formados en el exterior y pertenecientes a los círculos intelectuales, introdujo al país un nuevo lenguaje arquitectónico. Su interés por buscar las raíces hispánicas y criollas llevó a rescatar monumentos de origen colonial como las ruinas de Ujarrás y de Orosí.  Se construyeron iglesias en cabeceras de cantón, entre ellas una iglesia de estilo neogótico en Coronado, con arcos ojivales en puertas y ventanas, diseñada por Teodorico Quirós.

Se introdujo la arquitectura neocolonial, con sus columnas salomónicas, sus cornisas y detalles decorativos barrocos, en templos como el de San Rafael de Escazú; en edificios estatales como la Casa Amarilla (proyectada en 1917 para ser la sede de la Corte de Justicia Centroamericana); la Casa Presidencial (actual Asamblea Legislativa); el aeropuerto Nacional (actual Museo de Arte Costarricense), diseñado por José María Barrantes y la embajada de México, diseñada por José Francisco Salazar. Se construyeron asimismo casas neocoloniales, de una planta compacta, no de patio central, rodeadas de jardines, en los barrios González Lahmann, Amón, Paseo Colón y Escalante.

Los movimientos locales se vieron a la vez estimulados por el vanguardismo europeo del Art Deco, cuya influencia puede notarse en cines como el Líbano e Ideal.

Este movimiento vino seguido del Movimiento Moderno o Internacional que nace en Europa en el período de entreguerras. Entre los conceptos de este estilo están: la forma como resultado de lo funcional, la simplicidad en el ornato, la utilización de columnas del concreto armado, alternadas con muros de carga y la búsqueda de la resistencia y durabilidad. Sus características más sobresalientes fueron los grandes ventanales, los techos bajos, los enormes volados y las terrazas en la planta baja y alta. Entre las edificaciones más emblemáticas de este periodo están algunos bancos, hospitales, planteles para colegios de segunda enseñanza, el aeropuerto internacional El Coco (Juan Santamaría) y el edificio de la Caja Costarricense del Seguro Social. Este último fue construido en los años sesenta, bajo el asesoramiento y la supervisión de los arquitectos Rafael Sotela y Carlos Vinocour Granados. Entre sus características arquitectónicas destaca el elemento de transición entre la calle y el interior conformado por un bello espacio semiabierto con rampas, plataformas, losas voladizas y astas de bandera.

La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica se creó en el país en 1971, luego de que un grupo de arquitectos viajó al exterior a prepararse como profesores. Entre ellos Rafael Ángel (Felo) García y Edgar Brenes, Santiago Crespo y Carlos Vinocour y Jorge Bertheau. Este último diseñó, junto con otros dos arquitectos, la Plaza de la Cultura que alberga en el subsuelo el Museo de Oro.

A mediados de la década de los ochenta la creación de los concursos de anteproyectos y la celebración de bienales dió lugar al rescate, restauración y reciclaje de instalaciones patrimoniales del siglo XIX, con gran valor arquitectónico: la antigua Fábrica de Licores, en la actualidad Museo de Arte Contemporáneo, Teatro FANAL y Ministerio de Cultura; y la antigua Penitenciaría, en la actualidad Museo de los Niños.

En las últimas décadas han aparecido en la escena urbana, edificaciones con características arquitectónicas que corresponden a los estilos Contemporáneo y Postmoderno. Entre ellos, arquitectos como Roberto Villalobos y Edgar Brenes con una contemporización de lo vernáculo, otros, como Rolando Barahona y Bruno Stagno, que tomando en consideración las condiciones físicas del medio ambiente lograron madurar una “arquitectura tropical”. Ésta toma en cuenta las condiciones geográficas, las antiguas tradiciones vinculadas al medio ambiente tropical (aleros, techos de grandes pendientes, utilización de materiales de construcción autóctonos o de muy poco mantenimiento) para vincularlas a técnicas muy actuales.

El perfil de la ciudad entremezcla iglesias de estilo románico y gótico; casas de estilo victoriano, neocolonial, neomudéjar; caribeño y tropical. Edificios públicos que siguen la línea de la modernidad; grandes centros comerciales; oficentros; plazas comerciales; grandes urbanizaciones, lujosos hoteles, barrios de clase media baja y barriadas muy pobres. El lenguaje mudo de su arquitectura es una invitación a ver, definir, ampliar esta descripción incapaz de traducir toda su complejidad.

 

 

 

 

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