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Arte costarricense

 

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Antecedentes:

 

El arte precolombino se caracterizó por crear objetos de gran belleza: coloridas vasijas de cerámica, adornadas con figuras geométricas o de animales. Figuras, bancos, mesas y otros objetos de uso cotidiano o ceremonial esculpidos en piedra. Colgantes, aretes, collares, pulseras y otros objetos en jade, en oro martillado o laminado. La mayor parte de éstos mostraba alguna representación animal: ranas, sapos, águilas, jaguares, iguanas, cocodrilos y lagartijas. Estas piezas pueden ser admiradas en los siguientes museos: Museo de Jade, Museo de Oro y Museo Nacional.

 

Arte colonial

 

El encuentro de la cultura precolombina con la cultura hispánica pasó primero por la imitación del arte religioso español. Sin embargo las copias nunca fueron fieles ni exactas; tampoco las materias primas utilizadas para esculpir las imágenes. En estos sutiles cambios ya podían verse diferencias que serían portadoras del germen de lo que el arte costarricense sería en el futuro.

 

Arte patrio

 

A partir de 1870, el énfasis en el arte religioso fue suplantado por un énfasis en el arte patrio. Se erigen monumentos, algunos de ellos esculpidos por artistas franceses de renombre. Se construye el Teatro Nacional (1897), decorado en su interior con bellas pinturas de artistas italianos. Esta secularización de la pintura estuvo también influida, por la introducción en el país, de la técnica del retrato.

 

Los retratos, presentados en la Primera Exposición Nacional de Artes Plásticas, efectuada en el país en 1928, fueron muy valorados. Esta celebración anual se mantuvo hasta 1936. Tenía lugar en el Teatro Nacional y permitió dar a conocer los nuevos artistas y sus predecesores. Se promovieron además exposiciones de artistas foráneos, conferencias y discusiones que modificaron el gusto estético, e introdujeron el arte moderno en el país.

 

Importancia de lo autóctono

 

Un grupo de artistas costarricenses, entre ellos Teodorico Quirós, se centró en estudiar y comprender las técnicas impresionistas de empaste y pincelada fuerte. Incorporaron en el paisaje rural, siempre verde y soleado, elementos propios de la cultura autóctona: el boyero y la carreta, la casa de adobe, el trapiche y el beneficio de café. Gran importancia tuvo también en esa época, la creación de la Escuela de Bellas Artes y el aporte de pintores como Tomás Povedano, quien fue director de esa Escuela por más de cuarenta años

 

Otro de los pioneros de la plástica costarricense fue el pintor, escultor y escritor, Max Jiménez (1900-1947). Su posición económica, le permitió dedicarse de lleno al arte, viajar a ciudades como París y Nueva York, relacionarse con artistas del momento como Picasso, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Funda en Costa Rica el Círculo de amigos del arte; pone en contacto a sus contemporáneos con el arte de vanguardia e introduce la pintura muralista al país.

 

A partir de ese momento varios artistas adoptan la técnica del mural, entre ellos: Francisco Amighetti, cuyo mural: Medicina indígena y medicina preventiva, pintado en 1952, está en el Policlínico de la Caja Costarricense del Seguro Social; Manuel de la Cruz González  pintó en 1960 el Mural espacial, ubicado en el antiguo Banco Anglo Costarricense, hoy Ministerio de Hacienda y la acuarelista y muralista Margarita Bertheau pintó murales en torno a la mujer como la Maternidad soltera, que se encontraba en la Maternidad Carit. 

 

El grupo de los 8 (1961), da un nuevo impulso a la pintura abstracta, en pintores como Luisa González de Sáenz y Lola Fernández, pionera en la búsqueda de equidad de género. Manuel de la Cruz González, principal exponente, en esa época, de la pintura abstracta geométrica, fundó el Grupo Taller, donde se formaron connotados pintores nacionales.

 

La Primera Bienal Centroamericana de pintura (1971), dio otro giro

a la pintura costarricense: la abstracción de corte formalista, el expresionismo abstracto y abstracto geométrico cedieron el paso a una figuración de fuerte acento expresionista identificada con un mundo personal e intimista, que en un artista como Luis Cuevas desemboca en lo grotesco.

 

Además de renovaciones en la técnica de la acuarela, entre cuyos exponentes están Ana Griselda Hine y Fabio Herrera, se amplia el horizonte hacia lo conceptual. Se inicia una época de experimentación en varios artistas, que desencadena en combinaciones, yuxtaposiciones, amalgamas y características tridimensionales muy interesantes. Se realizan performances e instalaciones como las de Pedro Arrieta. Surge el uso del ensemble y del collage, en artistas como Cecilia Paredes. Florencia Urbina experimenta con materiales muy diversos: mezcla acrílico, carbón, óleo, cera y tiza sobre sus telas. Las artistas Priscilla Monge y Victoria Cabezas realizan encuentros nuevos y muchas veces inesperados con el uso del video. La fotografía cobra relevancia y se destaca la figura de Mario Jinesta y otros importantes fotógrafos. La postmodernidad desemboca también en una proliferación de excelentes gravadores como Rolando Garita, José Miguel Rojas, Hernán Arévalo y Ana Griselda Hine, que han ido reforzando  una visión de mundo crítica, compartida con muchos otros artistas. 

 

 

Escultura

 

El escultor Francisco Zúñiga (1912 Costa Rica 1998 México), se inició en el arte de la escultura en el taller de su padre, el escultor de imágenes Manuel María Zúñiga y luego se fue a México donde esculpió gran parte de su obra. Tanto Zúñiga como Juan Manuel Sánchez revivieron tradiciones indígenas. Ambos utilizaron materiales autóctonos como la madera y la piedra. Zúñiga puso en práctica el concepto de la esfera en sus colosales mujeres y Sánchez  la representación de animales como el tigre, la culebra y la danta. Una de las esculturas de Zúñiga, Maternidad se encuentra en la entrada principal del Hospital de la Mujer, en San José.

 

En la actualidad, los escultores costarricenses exhiben una gran variedad de estilos, materiales y temáticas. Leda Astorga, por ejemplo, muestra una tendencia hacia el arte irónico. José Sancho crea animales y estilizados cuerpos de mujer tallados en piedra o en mármol, Olger Villegas  figuras robustas talladas en madera o fundidas en bronce; mientras Crisanto Badilla plasma en su obra, su preocupación ecológica. Todos ellos han obtenido importantes distinciones. Otro ejemplo es Jorge Jiménez Deredia: su escultura “San Marcelino Champagnat” se encuentra expuesta en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano; y otro más, el Premio Único Francisco Narváez otorgado a Carlos Poveda en la VIII Bienal de Escultura en Venezuela a finales del 2005.

 

Cine

 

Una área muy promisoria en el país es el cine. El Centro Costarricense de Producción Cinematográfica (CCPC), fundado en 1973, por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, es el motor de la actividad audiovisual del país. Ha producido numerosos documentales y su contribución a la megaproducción internacional El Dorado fue muy importante. Entre los reconocimientos internacionales más recientes al cine costarricense está, el premio obtenido por Esteban Ramírez en el XIX Festival de Cine Latinoamericano de Trieste, Italia con el filme Caribe. No obstante, son muchos los que esperan una oportunidad para poder mostrar sus obras en el exterior, así como para mirar lo que se expone  y se discute en las grandes ciudades. 

 

A manera de conclusión se puede decir que la creación del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes en 1987, del Museo de Arte costarricense y del más reciente Museo de Arte Contemporáneo, marcan una nueva forma de reconocer, valorizar y difundir el arte a nivel oficial mediante la organización de festivales y otras actividades culturales.

 

El arte costarricense en general, no ha dejado de romper viejos moldes y adquirir una personalidad propia. Lo cual se refleja en la calidad de los exponentes en el Museo de Arte Contemporáneo; en el Museo de Arte Costarricense y en las múltiples salas de exposición del país. Así como en  el éxito que han tenido los últimos Festivales Internacionales de Arte, celebrados en Costa Rica. Al igual que en la mayor exposición de la obra de artistas nacionales en ferias, salones y bienales internacionales como la de Sao Paulo, Cuenca, La Habana y Venecia. A pesar de lo anterior falta aún mucho por hacer para promover nuestros artistas en el exterior y estimular su desarrollo.

 

 

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