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Arte costarricense
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![MCj02153790000[1]](PG000792_archivos/image002.gif)
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Antecedentes:
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El arte
precolombino se caracterizó por crear objetos de gran belleza: coloridas
vasijas de cerámica, adornadas con figuras geométricas o de animales. Figuras,
bancos, mesas y otros objetos de uso cotidiano o ceremonial esculpidos en
piedra. Colgantes, aretes, collares, pulseras y otros objetos en jade, en oro
martillado o laminado. La mayor parte de éstos mostraba alguna representación
animal: ranas, sapos, águilas, jaguares, iguanas, cocodrilos y lagartijas.
Estas piezas pueden ser admiradas en los siguientes museos: Museo de Jade,
Museo de Oro y Museo Nacional.
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Arte colonial
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El encuentro de la cultura
precolombina con la cultura hispánica pasó primero por la imitación del arte
religioso español. Sin embargo las copias nunca fueron fieles ni exactas;
tampoco las materias primas utilizadas para esculpir las imágenes. En estos
sutiles cambios ya podían verse diferencias que serían portadoras del germen
de lo que el arte costarricense sería en el futuro.
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Arte patrio
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A partir de 1970,
el énfasis en el arte religioso fue suplantado por un énfasis en el arte patrio.
Se erigen monumentos, algunos de ellos esculpidos por artistas franceses de
renombre. Se construye el Teatro Nacional (1897), decorado en su interior con
bellas pinturas de artistas italianos. Esta secularización de la pintura
estuvo también influida, por la introducción en el país, de la técnica del
retrato.
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Los retratos,
presentados en
la Primera Exposición Nacional de Artes Plásticas, efectuada en el país en
1928, fueron muy valorados. Esta celebración anual se
mantuvo hasta 1936. Tenía lugar en el Teatro Nacional y permitió dar a
conocer los nuevos artistas y sus predecesores. Se promovieron además
exposiciones de artistas foráneos, conferencias y discusiones que modificaron
el gusto estético, e introdujeron el arte moderno en el país.
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Importancia de lo autóctono
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Un grupo de
artistas costarricenses, entre ellos Teodorico Quirós, se centró en estudiar
y comprender las técnicas impresionistas de empaste y pincelada fuerte. Incorporaron
en el paisaje rural, siempre verde y soleado, elementos propios de la cultura
autóctona: el boyero y la carreta, la casa de adobe, el trapiche y el
beneficio de café. Gran importancia tuvo también en esa época, la creación
de la Escuela de Bellas Artes y el aporte de pintores como Tomás Povedano,
quien fue director de esa Escuela por más de cuarenta años
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Otro de los pioneros de la plástica
costarricense fue el pintor, escultor y escritor, Max Jiménez (1900-1947). Su
posición económica, le permitió dedicarse de lleno al arte, viajar a ciudades
como París y Nueva York, relacionarse con artistas del momento como Picasso,
Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Funda en Costa Rica el Círculo de
amigos del arte; pone en contacto a sus contemporáneos con el arte de
vanguardia e introduce la pintura muralista al país.
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A partir de ese momento varios
artistas adoptan la técnica del mural, entre ellos: Francisco Amighetti, cuyo
mural: Medicina indígena y medicina
preventiva, pintado en 1952, está en el Policlínico de la Caja
Costarricense del Seguro Social; Manuel de la Cruz González pintó en 1960 el Mural espacial, ubicado en el antiguo Banco Anglo Costarricense,
hoy Ministerio de Hacienda y la acuarelista y muralista Margarita Bertheau
pintó murales en torno a la mujer como la Maternidad
soltera, que se encontraba en la Maternidad Carit.
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El grupo de los 8 (1961), da un nuevo
impulso a la pintura abstracta, en pintores como Luisa González de Sáenz y
Lola Fernández, pionera en la búsqueda de equidad de género. Manuel de la
Cruz González, principal exponente, en esa época, de la pintura abstracta
geométrica, fundó el Grupo Taller, donde se formaron connotados pintores
nacionales.
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La Primera Bienal Centroamericana de
pintura (1971), dio otro giro
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a la pintura costarricense: la
abstracción de corte formalista, el expresionismo abstracto y abstracto
geométrico cedieron el paso a una figuración de fuerte acento expresionista identificada
con un mundo personal e intimista, que en un artista como Luis Cuevas
desemboca en lo grotesco.
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Además de renovaciones en la técnica
de la acuarela, entre cuyos exponentes están Ana Griselda Hine y Fabio
Herrera, se amplia el horizonte hacia lo conceptual. Se inicia
una época de experimentación en varios artistas, que desencadena en
combinaciones, yuxtaposiciones, amalgamas y características tridimensionales
muy interesantes. Se realizan performances e instalaciones como las de Pedro Arrieta.
Surge el uso del ensemble y del collage, en artistas como Cecilia Paredes.
Florencia Urbina experimenta con materiales muy diversos: mezcla acrílico,
carbón, óleo, cera y tiza sobre sus telas. Las artistas Priscilla Monge y
Victoria Cabezas realizan encuentros nuevos y muchas veces inesperados con el
uso del video. La fotografía cobra relevancia y se destaca la figura de Mario
Jinesta y otros importantes fotógrafos. La postmodernidad desemboca también
en una proliferación de excelentes gravadores como Rolando Garita, José
Miguel Rojas, Hernán Arévalo y Ana Griselda Hine, que han ido reforzando una visión de mundo crítica, compartida con
muchos otros artistas.
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Escultura
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El escultor Francisco Zúñiga
(1912 Costa Rica 1998 México), se inició en el arte de la escultura en el
taller de su padre, el escultor de imágenes Manuel María Zúñiga y luego se
fue a México donde esculpió gran parte de su obra. Tanto Zúñiga como Juan
Manuel Sánchez revivieron tradiciones indígenas. Ambos utilizaron materiales
autóctonos como la madera y la piedra. Zúñiga puso en práctica el concepto de
la esfera en sus colosales mujeres y Sánchez
la representación de animales como el tigre, la
culebra y la danta. Una de las esculturas de Zúñiga, Maternidad se encuentra en la entrada principal del Hospital de
la Mujer, en San José.
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En la actualidad, los escultores
costarricenses exhiben una gran variedad de estilos, materiales y temáticas.
Leda Astorga, por ejemplo, muestra una tendencia hacia el arte irónico. José
Sancho crea animales y estilizados cuerpos de mujer tallados en piedra o en
mármol, Olger Villegas figuras
robustas talladas en madera o fundidas en bronce; mientras Crisanto Badilla
plasma en su obra, su preocupación ecológica. Todos ellos han obtenido
importantes distinciones. Otro ejemplo es Jorge Jiménez Deredia: su escultura
“San Marcelino Champagnat” se encuentra expuesta en la Basílica de San Pedro,
en el Vaticano; y otro más, el Premio Único Francisco Narváez otorgado a
Carlos Poveda en la VIII Bienal de Escultura en Venezuela a finales del 2005.
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Cine
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Una área muy promisoria en el país es
el cine. El Centro Costarricense de Producción Cinematográfica (CCPC), fundado
en 1973, por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, es el motor de la
actividad audiovisual del país. Ha producido numerosos documentales y su
contribución a la megaproducción internacional El Dorado fue muy importante. Entre los reconocimientos
internacionales más recientes al cine costarricense está, el premio obtenido
por Esteban Ramírez en el XIX Festival de Cine Latinoamericano de Trieste,
Italia con el filme Caribe. No obstante, son muchos los que esperan una
oportunidad para poder mostrar sus obras en el exterior, así como para mirar
lo que se expone y se discute en las
grandes ciudades.
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A manera de conclusión se puede decir
que la creación del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes en 1987, del
Museo de Arte costarricense y del más reciente Museo de Arte Contemporáneo,
marcan una nueva forma de reconocer, valorizar y difundir el arte a nivel
oficial mediante la organización de festivales y otras actividades
culturales.
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El arte costarricense en general, no ha
dejado de romper viejos moldes y adquirir una personalidad propia. Lo cual se
refleja en la calidad de los exponentes en el Museo de Arte Contemporáneo; en
el Museo de Arte Costarricense y en las múltiples salas de exposición del
país. Así como en el éxito que han
tenido los últimos Festivales Internacionales de Arte, celebrados en Costa
Rica. Al igual que en la mayor exposición de la obra de artistas nacionales
en ferias, salones y bienales internacionales como la de Sao Paulo, Cuenca,
La Habana y Venecia. A pesar de lo anterior falta aún mucho por hacer para
promover nuestros artistas en el exterior y estimular su desarrollo.
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