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Literatura costarricense

 

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Difusión

 

Costa Rica vive una fuerte dinamización  a nivel de producción de libros. Se imprimen unos 2000 títulos por año, entre obras literarias y otros títulos editoriales. En el campo editorial hay varias tendencias. Por un lado, editoriales estatales que protegen e impulsan la producción endógena y desempeñan un papel importante en el desarrollo cultural y educativo. Por el otro, editoriales independientes que han ido desarrollándose en gran parte por el conflicto entre los escritores que desean publicar y las editoriales estatales que no pueden hacerlo y gracias al surgimiento de ciertos nichos específicos de lectores.

 

Se ha dado además una aceleración de puntos de venta de libros y una Librería Universitaria que expone permanentemente unos 3000 títulos de autores costarricenses. Centros culturales como el Instituto México, el Centro Cultural Español y el Centro Cultural de Chile que brindan sus espacios cada noche para presentaciones de libros y otras actividades culturales. Hay también una Feria Internacional del Libro que se celebra anualmente en Costa Rica desde el año 1984, así como talleres literarios en diversos centros y universidades, premios en diversas ramas, suplementos y revistas literarias. Hay demás varias asociaciones de autores, entre ellas una de escritoras.

 

Sin embargo, el costo de los medios de transporte (aéreo, marítimo y terrestre), que tienen los envíos pequeños de libros, hace que la mayor parte de su producción editorial circule mayoritariamente en el área metropolitana. El país invierte $19 millones anuales en la importación de libros, contra una exportación de sólo $1.4 millones. Un 60% de esta exportación de textos corresponde a material didáctico de índole técnico, producido por las universidades estatales.

 

La narrativa y sus antecedentes

 

La narrativa costarricense fija desde finales del siglo XIX la imagen del “concho” costarricense descrito como labriego y sencillo. Al igual que el “gaucho” argentino, el llanero venezolano, el jíbaro puertorriqueño o el “charro” mexicano, este campesino se expresa en un habla regional plena de sabiduría, sencillez y humor, tanto en las Concherías (término derivado de la palabra “concho”, una designación despectiva del campesino), de Aquileo Echeverría (1905), como en los cuentos de Manuel González Zeledón (Magón). Esta literatura se sitúa en la ciudad rural costarricense concentrada en los pintorescos valles de la meseta central (hábitat de la oligarquía cafetalera).

 

Además de esta corriente costumbrista o nacionalista surgió, en esa misma época, otra cosmopolita o modernista, arraigada en los ideales de una recién arribada cultura europea, con gran influencia parisiense. Fue introducida al país por Ricardo Fernández Guardia en su libro de cuentos Hojarasca, y por otros más. Surge así una polémica entre un nacionalismo literario que incorpora elementos propios de la cultura costarricense, y una identificación con los patrones de la modernidad occidental, concebidos como formas universales de civilización y cultura.

 

La revista Repertorio Americano (1919 a 1959), editada por Joaquín García Monge, se constituyó en un punto de encuentro para intelectuales hispanoamericanos muy valiosos. Su editor Joaquín García Monge publica la primera novela costarricense: El Moto, que narra la explotación y la marginación de los débiles.

En las décadas del 20 al 30 surge la obra de María Isabel Carvajal (1889-1949), quien bajo el seudónimo de Carmen Lyra, escribe cuentos, novelas y ensayos que hablan de la lucha de clases, de las condiciones de trabajo en las bananeras y de la situación de la mujer en el marco de los conflictos sociales nacionales e internacionales.

 

Más adelante, el enclave bananero de la United Fruit Company, el entorno caribeño, la constitución étnica de sus pobladores y la gran huelga de trabajadores bananeros de 1934, inspiraron al trabajador bananero y líder sindical Carlos Luis Fallas, a escribir su novela Mamita Yunai (1940).

 

Max Jiménez, poeta, novelista, pintor y escultor, incorpora procedimientos de vanguardia a la literatura nacional en libros como El Jaul (1937), interpretado por algunos críticos como una parodia del costumbrismo tradicional. Al igual que en Jiménez; las novelas de José Marín Cañas como El infierno verde (1935), o Pedro Arnáez (1942), apuntan hacia una ruptura, tanto estilística como de contenido con el costumbrismo.

Algunos novelistas de la década de los cuarenta son: Fabián Dobles, quien escribe sobre temas sociales como el despojo de las tierras a campesinos. Joaquín Gutiérrez (Premio casa de las Américas por su novela Te acordás hermano, 1978), a la vez que recorre nuevos espacios de la geografía costarricense, como la costa caribeña, se adentra en los procesos internos de sus personajes.

 

Con el libro Cocorí (1947), Gutiérrez ingresa el tema de los descendientes de afrocaribeños a la literatura costarricense. Tema que es abordado por Quince Duncan en 1970 con el cuento Una canción en la madrugada, la novela Hombres curtidos (1971), El Negro en Costa Rica (1972), ensayo escrito en coautoría con César Meléndez y varias obras más. Es retomado por Abel Pacheco en Más debajo de la piel en 1975. Más adelante en 1996 la escritora Tatiana Lobo escribe Calypso (1996), y Blancos y negros todo mezclado (1997); la novelista Ana Cristina Rossi publica Limón Blues (2002) y la mexicana radicada en Costa Rica, Jazmín Ross La pasión por el Caribe.

 

Volviendo a la década de los cuarenta, podemos señalar que destaca muy especialmente la novela La ruta de su evasión (1949) de Yolanda Oreamuno. Centrándose en la ciudad y la casa, narra la violencia familiar y el proceso de crecimiento del personaje femenino. Ana Cristina Rossi, en María en la noche (1985), retoma esta vena intimista y de maduración de un personaje femenino.

Carmen Naranjo da cuenta del surgimiento de nuevos personajes citadinos de clase media y de los efectos que la organización burocrática tiene sobre los individuos. Esta temática de alienación será retomada en la década de los noventa por Rodolfo Arias en su novela El emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios (1991), narrada con un gran dominio del lenguaje popular actual.

 

El cuento y la novelística más recientes muestran un alto grado de denuncia. Fernando Durán Ayanegui, Myrian Bustos mezcla ciertas claves que peculiarizan sus cuentos: la omnipresencia de unas fronteras permeables entre lo humano y lo animal, la escisión del cuento en una temporalidad aparentemente real y en otra regida por un mundo fantástico, y la alianza de ironía y crítica social. El novelista Fernando Contreras, en Única mirando al mar (1993) cuestiona irónicamente el problema urbano de la basura. Otros autores como Carlos Cortés, Uriel Quesada, Rodrigo Soto y Jorge Ramírez  se centran en personajes derrotados que deambulan en un mundo hostil y violento. En el libro de cuentos La cigarra autista, de Linda Berrón abundan también los seres marginados, solitarios y con dificultad para integrarse a una sociedad que los rechaza por diferentes.

 

Otra línea muy importante de la novelística costarricense, ha sido la novela histórica  escrita por narradores contemporáneos como Alfonso Chase, Tatiana Lobo, Daniel Gallegos, Marjorie Ross y muchos más que me sería demasiado extenso citar aquí.

 

Ensayos, teatro y poesía

 

El país destaca asimismo por tener importantes dramaturgos, traducidos en otros idiomas, que han obtenido premios en el exterior y presentado sus obras en países como España, México y Argentina. Entre ellos, los dramaturgos Daniel Gallegos, Ana Istarú y Claudia Barrionuevo...

 

En 1890 se publicó la primera Antología de poesía de Costa Rica. Ha partir de entonces los poetas han ido desde el modernismo hasta la experimentación vanguardista, pasando por las utopías, el desencanto, la poesía intimista y los paisajes familiares.

 

Muchos de ellos han realizado recitales en el exterior. Algunos han obtenido premios importantes en España y otros países. Gracia a la publicación del libro Poesía Costarricense del siglo XX editado por Carlos Cortés y publicado por Patiño /Unión Latina en 1997, podemos leer en francés poemas de grandes autores como Jorge Debravo, Eunice Odio, Jorge Charpantier, Ana Antillón, Ana Istarú, Alfonso Chase entre otros.

 

Estos últimos años, la poesía de numerosos poetas jovenes ha sido notaria, autores como Luis Chaves, Mauricio Molina, Alejandra Castro, Guillermo Fernández et Osvaldo Sauma, entre otros, con nuevos puntos de vista experimentales y de avanguardia, recibieron multiples distincciones.

 

Para tener más informaciones, consulte la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de la Embajada de Costa Rica en Francia que está a su disposición, y el sitio web:

 

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